Como anticipé, ya toca empezar a hacer la agenda post 16 de
abril.
Cuando me digan que el innombrable desapareció, lo primero que voy a
hacer será darle un beso en la boca al médico. ¡No, nooo! Era una broma…
Lo primero será darle gracias a Dios por limpiarme la cabeza
del masacote que intentó arrasar conmigo y con mi familia.
Mi esposo y
yo iremos la capilla ecuménica, donde fuimos a Misa todos los domingos de todos los meses que estuve recluida
en los hospitales o centros de terapias cercanos al hospital.
Nos secaremos las lagrimas y llamaremos a Nuestros Hijos Favoritos -uno en San Juan, el otro en Nueva York- para anunciarles la noticia.
Nos secaremos las lagrimas y llamaremos a Nuestros Hijos Favoritos -uno en San Juan, el otro en Nueva York- para anunciarles la noticia.
Saldremos al patio de rosas, para releer una tarja que me gustaba
mucho y en este momento no recuerdo lo que dice.
Iremos a dar un paseo por el jardín del hotel y recordaremos
los días de angustias que no queremos recordar, así como las conversaciones tras los
diagnósticos temidos.
Seguiremos dándole gracias a Dios por limpiar mi cerebro.
Seguiremos dándole gracias a Dios por limpiar mi cerebro.
Luego, le pediré a mi esposo que me acompañe a abrazar mi árbol
favorito.
